El Ironman de Klagenfurt (Austria), fue mi primera Linea de Meta


(Al final, el día que muramos lo único que nos quedará serán los recuerdos de las emociones que hemos vivido y estas no se compran. Kilian Jornet @kilianj).

          A los pocos días me lo recordaba Juanan en un precioso mail, una de esas personas que por casualidad te encuentras de camino en esto del “Tri”, y que te da en el clavo: Enhorabuena por vivir el tuyo. Porque lo bonito de los sueños, en cualquiera de sus formas, es vivirlos, es hacerlos realidad”. Totalmente de acuerdo. Pero creo que igual de importante para seguir siendo feliz es tener  la inmensa  fortuna de poder seguir generándolos, dándoles toda la forma que seamos capaces, para que sigan retroalimentando. Para ello necesitas, apoyo, y por supuesto compañía. Sin esta no eres nadie, no tienes con quien compartir nada. Y sin el apoyo de esta, todo se quedaría en malestares, sinsabores y frustraciones de todo tipo. Por eso, este viaje al Ironman, al corazón más bonito de Austria me ha servido para comprobar lo afortunado que soy, y la suerte inmensa que tengo.

Vaya por delante, mis disculpas por la demora. Que ha sido el post que más me ha costado escribir tanto q he tenido que dejar pasar el tiempo para ordenar ideas, MACERAR PENSAMIENTO, y dar reposo a tanta emoción y que los pensamiento y las emociones se fueran calmando. Reposar tanta sensación, tanto encuentro… Si a ello le unimos, avatares familiares, que no vienen al caso…dado que las tristezas no soy partidario de espolvorearlas mucho, a pesar de mi “exposición social” constante, ya que todo el mundo se compadece, mejor expandir las alegrías que los que te quieren de verdad se alegran con ellas… igual que compadecen de verdad, pero en privado los buenos amigos de tus penas. Gracias por vuestro apoyo estos días dificiles. Nada mejor que ponerte a rememorar cosas como las de ahora, para darse cuenta de lo afortunados que somos.

Espero, por tanto, vuestra complacencia Porque no en vano, y hasta llegar a este punto, he tenido que editar un video, realizar un album casero, componer un cuadro para la medalla, y hasta negociar un tatuaje, en suma reordenar una buena parte de mi cabeza, para reposar aún tanto, y aún así, fijaos el tocho que me va a quedar

Os doy mi palabra: Iba tan bien preparado; que los únicos nervios que me producía la prueba, era que surgiera un imprevisto. Imprevisto de llegar hasta allí. Pero es que eran tantas las ganas que tenia de acabarLO, que los tenia previstos todo. Nada dejado al azar. Previsto todo, SIN casis. Al menos lo mecánico: Una rajadura en la cubierta, varios pinchazos, varios Parches, una rotura de cadena (para la que estuve ensayando dos noches), hasta una hipotética rotura de radio con una par de ruedas y la misma Voyager aparcada a pie de donde pasaba el recorrido y una copia de la llave plana en una de las zapatillas de bici, metida entre las plantillas.

Nada dejado a la improvisación. Si fallaba, lo iba a hacer yo, y exclusivamente YO. Esa, algunas llamarían obsesión, en acabar mi primer Ironman, quizás explicara el desarrollo de la parte final de la carrera, en forma de nervios liberados agarrados a un estomago, pero me ha dado igual, lo repetiría así 100.000 veces que viviera, porque me ha permitido recibir las muestras de cariño mas grandes de gente a la que aprecio, y a la que apenas conozco a partes iguales. Me he sentido por momentos mejor persona. Y me he sentido, quizás por primera vez en esta vida, realizado en algo. 

Dicen que el Ironman, engancha tanto porque es tan duro, y  a fé de que en un rato, os lo voy a relatar, pero yo creo que hay algo que engancha aún más…Ya advertía en las redes sociales, que estaba siendo enormemente bonito y satisfactorio es posible que haya sido la vez que mas piropos y enhorabuenas haya recibido en mi vida y eso te atrapa todavía más. ¿A quien no le gusta recibirlos?

Lo estaba advirtiendo ya en las Redes... Era sin duda lo más bonito...

Lo estaba advirtiendo ya en las Redes… Era sin duda lo más bonito…

Quizás lo más bonito q le puedan decir alguno es que están orgulloso de él. Sentirte tan realizado, recibir de tu hermano la misma mañana del Ironman un mensaje diciéndo cosas tan bonitas no tiene precio, o la de un amigo del pueblo, diciendo que está orgulloso de que estés allí, la admiración de alguien que empieza y que te tiene como referente… de veras: no se paga con dinero. Las más de 700 lecturas que tuvo el post en un solo día… ochenta y pico comentarios en el grupo Facebook del Club, el pájaro del Twitter que no paraba de piar,  el  grupo Whatsapp de animos creado para la carrera….

Empezaremos por el viaje planeado por media Europa hasta llegar allí (es el capote que tengo que meter, para cada prueba que preparo), partía de Madrid, Benicassim (a coger fuerzas de los mios), Cannes, Monza, Klagenfurt, Venecia, Benicassim, Madrid.¡ 5.000 Kilómetros, para hacer 226!, cruzando Francia, Italia, y Austria; 298 € en peajes, casi 600 en Gasoleo; . Sencillamente genial. Tengo una familia, y en especial tres hijos maravillosos, que con tal de ver feliz a su padre, aguantan todo.  Pero ahorraremos detalles, para meternos ya con los días pasados en el Ironman, como tal.

El hotel de concentración, excelentemente buscado por mi manager, el sitio ideal para desconectar del mundanal ruido, y disfrutar de los tuyos, sin “electrónica”, sin los grandes lujos que rodean Madrid. Una casita de madera idílica, como la casita de Heidi, rodeada de monte por todos sitios, con unos anfitriones, que no hablaban, ni siquiera chapurreaban inglés, y con los que habíamos de comunicarnos por signos, con la única compañía de  un perro, dos gatos, un burro un pony y varias vacas. ¡Que lugar más bonito!… un lugar privilegiado para estar en lo que hay que estar

Era el sitio ideal, para recuperar el tiempo perdido, y aunque no estaba premeditado de esta forma, se convirtió en el bálsamo mejor para preparar una prueba de este tipo, recomendable para todo el mundo. Perder una tarde entera con tus hijos, dando la vuelta por un prado, haciendo la croqueta, no tiene precio… y ayudaba a distraer la mente que era lo importante.

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Daría para otro post, el dia que los 3 enanos corrieron el Ironkids, en el que su madre corrió el IronGirl (aquí todo Iron, es increíble como la marca Ironman, envuelve al participante e involucra a todos los miembros y les hace partícipes: todos entrando por el mismo arco, todos haciendo parte del recorrido… ). Podría incluso hablar, de las largas mañanas en las impresionantes instalaciones del Lago Wörthersee tirándonos por los toboganes y trampolines, pero nos pondremos ya en la Linea de salida, que sino va a quedar una Biblia a este paso.

     El Ironman en realidad comienza el día que previa recogida de dorsal y firma de exención de responsabilidad, te ponen la pulsera de Ironman, que te da acceso a todos los sitios, lleva su chip de control .. etc., desde ese momento todo cambia, y empiezas a sentirte protagonista, ya no hay marcha atrás Ese día el día que te calzas la pulseras comienzas un poco a serlo…

     El día en el que iba a debutar, Santiago Nasar, digo Rafael Morán, muy lejos de que lo fueran a matar, se levanto a las 3.15 y iba a cumplir su sueño: Había dormido desde las 11, del tirón,  y amanecía una mañana tranquila y sosegada (es increíble que a las 4.30 aquí sea ya casi de día completamente), como todas las vividas en aquella casa. Desayuno (recena según se mire), sin abandonar detalle de lo ya entrenado, por traer hasta el pavo braseado Campofrio, en finos lonchas traído ex-profeso desde España para la ocasión. Avena, cereales, y un ultimo vistazo a los botes y geles, para saber que todo estaba preparado correctamente, que no se olvidaba nada, incluidas mis bolas de arroz, si. Salíamos a las 4:10 minutos por la puerta de casa, con el dolor de conciencia, de tres criaturas que aún en sueños, daban ánimos de tranquilidad a su padre.La bajada a las 4am por las Carreteras de Liebenfels, fue espectacular, y la primera en la frente: se me destapan los enanos y la madre con sendas camisetas realizadas para el evento… a ritmo de lo que fué mi “hit parade” de la adolescencia (Don Nicanor, de Enrique y Ana.) y que ya nos acompañaría durante todo el viaje. Ya la noche anterior me mostraron la pancarta, que durante semanas prepararon, y que llevaba un dibujo de cada uno, de su padre nadando, corriendo y pedaleando… Era casi lo único que le habian visto realizar ¡los últimos 6 meses!

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Más presión, por tanto. Pero si que es cierto, que no producían nervios en exceso y que iba bastante sereno. El sapientín que todo lo sabía, que había dormido toda la noche, como si una carrera de 10k corriera, y tan bien preparado llevaba todo, hacia acto de aparición, que pena no haber llevado esa sensación, nunca cuando he hecho un examen, otro gallo me cantaría ahora…

Tan solo me preocupaba, en realidad lo venia haciendo toda la semana, un dolor en el no se si piramidal, o lumbar izquierdo, que había arrastrado durante parte de los entrenos, pero intentaba quitármelo de en medio, como que era un dolor de los “acojonotarios” de carrera, y que me iba a doler tanto todo, que sería de lo último que me iba a acordar.

     Directos a la Transición, a despertar a la bici, arropada con mimo la noche anterior, para dejar los bidones repartir geles y comida en las bolsas. Ya aquí me empecé a sentir Ironman, mucho antes de empezar. Entrar en la transición atestada de gente, abriendo a la gente, emulaba a los antiguos jugadores de fútbol, pidiendo paso a un vestuario, y yo, buscador entonces de motivaciones, la encontré de esta guisa en la entrada. Buenas sensaciones, esto marchaba.

Arropadita: Buenas noches, Reina, portate bien mañana...

Arropadita: Buenas noches, Reina, portate bien mañana…

     Una vez colocado todo, dada presión a las ruedas, me enfundé en el traje de neopreno, y trás una penúltima visita a la “fujizipp”, para ver como estaba me dispuse a dirigirme al Lago Wörthersee, donde me esperaban los míos, que estaban más nerviosos que yo por la hora, para darles el ultimo beso, y meterme en la marabunta de 3.000, que eran los que íbamos a nadar en aquél sitio. Emoción en la propia salida, los pelos como escarpias, de ver como se abrazaban unos y otros, del respeto que producía tanta historia, tanto sueño, detrás de aquellas caras. El himno, supongo que sería austriaco, daba paso a un estruendo toque de sirena, con el que se daba por comenzado el Ironman, mirada arriba, para no derramar ni una sola lagrima, aqui todo desgasta, y así pedía más madera a los de arriba, que falta iba a hacer: Ale Rafa, ahí lo tienes por delante, el sueño al alcance de la mano.

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Salí, como siempre, de los últimos, queriendo evitar los múltiples golpes que se producen en este tipo de pruebas, conocedor de que tarde o temprano se tendrían que producir, habría de entrar a ellos. Nunca había nadado con más de 300 en un Triatlon, y aquí tendría que hacerlo con ¡diez veces más! Y ciertamente, fue el sector donde más me sorprendió la evolución que hice, y que ni mucho menos esperaba. De hecho, comentaba entre bromas, que me tuve que saltar alguna boya o algo, porque no fue normal. Bien es cierto, que me notaba nadando recto, y no estaba teniendo problemas de choques con nadie, y la orientación me la iban marcando los de delante. Otra historia serían, los últimos mil metros, en un canal de no más de seis metros de ancho, en el que a un lado y a otro, se apiñaba la gente, y donde emocionante y bonito, fue un continuo intercambios e toques, hasta llegar a la salida. 1:08! no daba crédito. Ni en mis cálculos más favorables contaba con hacer algo así. En contrapartida, no iba a ver a Elena y a los enanos, en la salida ni de coña, pues les anuncié mi salida en 10 minutos más tarde…

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     No traía cálculos, os doy mi palabra que no los quería traer. Mi única pretensión, era acabar, y acabar dignamente, corriendo hasta el ultimo metro de la Maratón final. Pero además -eso ya era pedir mucho- quería disfrutarlo. Pero todos en nuestro fuero interno, albergamos una realidad, que no por no transmitida nos ha de producir decepción: mis tiempos hubieran sido 1:30 de nado, 6:15 de bici y y 4:15 que si sumamos las transiciones, nos iríamos mas cercano a las 13 horas, con lo cual es más que evidente la satisfacción que me produjo entrar bajo este tiempo. Pero aún no constituyendo el tiempo ningún objetivo, ciertamente pequé de ambicioso, y no me arrepiento en absoluto, como describiré posteriormente en el Epílogo que me servirá de recopilatorio final, y que solo relataré al final, para los muy tecnicistas, y morboso, y así contribuir a que la lectura de la carrera sea dinámica y enlazada.

Al llegar a la T1, observé que mi bici, no estaba colocada en su sitio, sino que había sido movida al hueco posterior, imagino ¿porque se caería? ¿se equivocaría el dueño de la otra? Pero no quise pensar mal, de que pudiera haber pasado algo, y la cogí y salí, todo lo rápido que pude a realizar la transición, consciente, que por el tiempo que llevaba invertido, no iba a ver a los míos, y no podría cosechar sus ánimos, con lo cual estos primero 90k los tendría que realizar, sin “avituallamiento sentimental”. No importaba, al menos ahora: la bici era bajo un recorrido espectacular, resultó disfrutada en todo momento, con la sorpresa de los dos (yo los llamaría puertos, a pesar de ser considerado la bici más rápida del circuito Ironman, pero no mire usted señor organizador: llano, llano Lisboa), que yo no contaba con ellos, pero que tan solo se atraganto el ultimo muy al final. Subidas llenas de gente que no paraban de dar ánimos, un djay marcando el ritmo de la subida a ritmo de Sex-Bomb!!

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Tales eran las llanuras, que contemplaban Austria…

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El ohpp ohpp ohppp (grito de los lugareños del lugar, que hasta que descifre, ¡Vaya tela!, fue una constante en toda la carrera, y no es de extrañar, que este Ironman agote plazas el mismo día que salen a la venta, por los ánimos presentes de todas sus gentes, durante todos los tramos de la carrera. Para esta gente, el Ironman, constituía una verdadera fiesta: sacan sillones a la calle, hacen barbacoas en familia para para verla pasar… Todo en un ambiente muy festivo, que hacía pasar los kilómetros rápidos.

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     Se intentaba evadir la mente (es el éxito, para ir avanzando kilómetros sin hacerlos anodinos), y aquí ciertamente, aunque solo fuera por paisaje resultaba fácil, y más lo hacía aún el ir viendo dorsales españoles  que cuando no aparecían los Jueces (cuantos y que pesados eran por Dios) nos  juntamos tres o cuatro, que fantaseábamos con terminar antes del partido, para ver nuestra querida España perder contra Brasil…  y así, silbando unas veces, acordándome de Don Nicanor unas y con desánimos otra, íbamos llegando.

     En el giro ensordecedor a la transición que daba inicio a la segunda de las vueltas de 90 km, los veo allí, con su bandera de España, y su pancarta, gritando. Buff que subidón!!! Salí encendido a por esa segunda vuelta, visualizando por enésima vez, la entrada por el arco, que tanto llevaba soñando, que tantos entrenos llevaba anhelando. Me emocionaba, solo de pensarlo, pero me venia bien, para seguirle dando a los pedales.

Esta vez, la subida a Rupertiberg, ya algo más escasa de gente si se atragantó algo más, y el calor empezaba a apretar en exceso. Pero aún así, saque un parcial de bici muy bueno (a más de 32km/h de media), mucho mejor del que pensaba, aunque con las lógicas dudas, de si me iba a afectar mucho a la carrera. El tan temido momento, que me había planteado en todas las transiciones estaba ahí ¿que piernas se tienen después de dejar atrás 180k, y sabedor de tener que empezar una Maratón? Despejar tantos interrogantes, tantos meses repetidos, no iba a tener que esperar mucho, apenas un par de kilómetros mas…

Ambas transiciones las realicé lentas, sin prisa de ningún tipo y haciendo cuántas necesidades me pedía el cuerpo.

     Llegada a la T2, para empezar la carrera, quito el cullote y parsimoniosamente preparo el dos piezas, que tarda en embutirse ante tanto sudor (la ayuda de los voluntarios aquí era fundamental), crema, mucha crema; vaselina mucha vaselina; la gorra, el portadorsal lleno de geles, y a correr.

Nuevamente ni en mis cálculos más optimistas pensaba realizar una bici tan rápida, sin apenas percepción de esfuerzo.

Para esta parte final, me había establecido una técnica mental de carrera, con la que poder vencer el reto, al menos más distraído: recorrer los 42 años que tengo actualmente, durante los 42k q tenia que estar corriendo. Vista sobre plano, la Maratón, parecía un juego de niños. Hacia Krumpendorf y vuelta, hacia Klagenfurt y vuelta, y otra vez lo mismo. Ya está. Hecha, pero joder (con perdón) con  la zona de Krupendorf, ni Harry Potter (a que el pueblo suena a eso?) con su varita hubiera podido diseñar un escenario peor al que mi cabeza dibujaba.

Algo de  sol, quizás excesivo, pero temperatura ideal para correr. Sería la euforia, tras la buena bici realizada, pero mis cuadriceps curiosamente, están aceptables, frescos y con ganas de correr. Me paro incluso en plena carrera, a dar un beso a Elena y los chiquillos. No daba crédito. Increíble. Les digo que voy fenomenal. Pero creo que ya no me vio volver a ver sonreír en toda la carrera. Bien que lo siento. Todo se torno en negro. La tensión de la bici, muy disfrutada, pero siempre con la intranquilidad de que pudiera pasar algo,  me debió dejar tocado (el ansia de llegar a toda costa, sin avería posible, sin caída).. fuere lo que fuere, el caso, es que llevaba diez minutos corriendo y las pulsaciones no bajaban de 165ppm. Intentar mantener ese ritmo de pulsaciones durante toda la carrera iba a ser un suicidio, ó al menos eso creía. Pero intentar bajarlas y ponerlas a ritmos decentes de 145, me hacían poco menos que caminar. Y aquí no habíamos venido a caminar… Si había que hacerlo se hacía, pero no en la primera media hora. Así que me decidí (y pude pagarlo caro), por la de intentar llevar un ritmo, sin atender pulsaciones, y hasta donde llegara llegué..

Asi transcurría la carrera, buen ritmo, hasta el Km. 26, en los que no se si la liberación del bajón de nervios al soltar la bici, sabedor del que se ve finisher, la angustia que atenazan estomago de  pensar en esas pulsaciones, el trago a un Total Recovery muy caliente en la T2,  el mucho acido láctico que se iba generando ya en tantas horas, fuere lo que fuere, me dejaron un caldo de cultivo en el estómago, con un dolor agudo, que me hizo, penar, y mucho, como jamás contemplé en mis cálculos que me iba a pasar, dejándome por delante, 16 kilómetros nada halagüeños. Es curioso además, que fuera del estomago, de lo que más había ido presumiendo, de lo que empezara a fallar la maquinaria… lo había entrenado todo…

Solo bebía agua, los geles no entraban, y ni hablar de meterme algo sólido Paraba en cada avituallamiento, en busca SOLO del agua. No vivía nada más que para llegar al siguiente puesto. Y que se derrumbara la nutrición, con lo bien que llevaba yo ese tema de la lección …. Algo de fruta comía con verdadera fruición, pero los geles, ni verlos. Alguno conseguia engañar, metiéndolos como si fueran pastillas con abundante agua Constantemente me repetía a mi mismo, que tenia que ir metiendo algo. Que así iba a no acabar, o en el mejor de los casos hacerlo arrastrado…

Es increíble, como aquí piensas, incluso ves con claridad, que en nada han valido tantas horas de entrenamiento, sino has preparado el cuerpo también para cualquier contingencia. Que importante es entrenar el estómago. Todo hay que llevarlo previsto. Y yo aquí no había advertido un Plan B. Así que había que improvisarlo sobre la marcha, y lo hice de la peor de las formas que puede hacerse: SEGUIR, sin pararse un instante a pensar con lógica, que si el cuerpo esta con sensación de lleno, a lo mejor hay que vaciarlo. Pero yo llevado, por todo lo que pensaba (y que luego confirme) que había detrás, quería dar lo mejor de mi, hacer el mejor Ironman posible, y no había tiempo, de parar siquiera dos minutos. Craso error. Y es que esté será mi primer consejo para futuros noveles, y al igual que en un medio me permitía el lujo de dar el consejo de reservar en la bici (cuando duela, sube un par de piñones), en esté sin duda será el de PARARSE A PENSAR DE MANERA COHERENTE, tan lógico y tan dificil como suena.  Si hay necesidad de ello, sin opinar, ni esperar lo que hay detrás. Mirando solo hacia uno mismo.

     Los ritmos, a pesar de todo no eran malos (malos, entiéndase para mi), y tan solo se me fueron por encima de “seises” los parciales, en que paré para hacer pis, y un intento de evacuar que hice, mas por ver si cambiaba el panorama, que por verdadera necesidad, pero ante lo ocupados que estaban todos los baños (grabada la cara de la chica, cuando intenté acceder a uno de ellos, donde ella hacia uso de), decidí abortar la iniciativa. Pero a mi el ánimo que me producia, y lo que me seguia retroalimentando a seguir corriendo, era que mi ritmo no bajaba de “seis” y ese era el objetivo.

     Pero la mente, que es con la que se termina una cosa de estas, encima, no lograba hacerme con ella, y tampoco ayudaba en exceso. Los primeros kilómetros, rápidos como la vida misma, de los cero a los 6 sin apenas recuerdos reseñables. Muy fresco. Pero luego, la vida misma, continuas ambulancias, y los muchos vómitos en carrera, ver caer a gente como castillos… Ni acordándome de la estrategia de los 42 años, lograba vencerla. Nada, no había manera de establecer el paralelismo que ayudara a la mente a mantenerse abstraída: a los 23 años, yo no lo había pasado tan mal ni de coña, ¡estaba en plena flor de la vida lesche! copeándome por Salamanca, por no hablar de los 31 ya ni te cuento. A esa edad estaba yo recién casado … y no pasaba estos ratos, por mucho que se cagara Marquitos ¡ ni de coña! Me acordaba, del muro del Maratón, de todas las leyendas ironmaneras que cuenta todo el mundo, de que esto  comienza en el 25 de la carrera si vas bien, o en el 30 si vas muy bien…. a mi me quedaban tantos aún para llegar ahí. Me rondó por la cabeza, la posibilidad de desfallecer, de no llegar. Y hubiera apostado con cualquiera que esa posibilidad no la manejaba yo, ni en mi peor pesimismo. Ni tirando de entrenos, de lo mucho que llevaba, todo lo que había pasado hasta llegar hasta aquí, lograba dominar la puta mente. Hasta el punto de tener q invocar a mi mejor amigo en el cielo al que el tiempo no me permitió tenerlo de mejor amigo en la tierra: chiquillo sácame de aquí, si me sacas vivo de la zona ésta de Krumpendorf, yo sé que lo termino, pero hazme el favor.. que nadie como tú sabe lo que es el esfuerzo, y sabes lo que esto me esta constando, y sobre todo lo que lo he trabajado. Me hizo caso. ¡Vaya si me lo hizo! Sabía lo que lo había currado, y a el trabajar le gustaba mucho. Salí vivo, de la zona de muertos que empezaba a ser Krumpendorf (no te alegraban ya la vista, ni las chicas que a pie de piscina, animaban en bikini subidas en una silla cada una), solo pensaba en que Elena estuviera, en el parque donde había recibido por última vez sus ánimos, venia pidiéndolo a gritos desde unos kilómetros atrás:  ¡porfavor que estén, porfavor que estén!.

Y allí estaba ELLA, la de siempre, en realidad siempre esta, la mayor artífice de todo esto, que soltó la cámara en cuanto me vio la cara (que por no llevar no llevaba ni gafas para ocultar nada). y corrió conmigo (ese ritmo si era fácil ¿eh Ele?) apretándome la mano, unos pocos metros… Era el impulso que necesitaba, y no sé, de verás que no lo sé, que hubiera pasado de no haber estado allí.

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La cara: todo un poema… de amor… 😉

     De tal cariz debía ser la cara, que note con un cariño inusual, la mano de uno de los voluntarios (no tendría más de 12 años), que me dio una palmada diciéndome -”Good Job”, que terminaron de ponerme las pilas. Ahí fue el momento en que decidí invertir la mente, ¿ó sería que ayudaba el propio alma ;)? y ponerme a correr más fuerte, los últimos 6 kilómetros, como debía haber corrido los 9 de penas que llevaba y empezar a disfrutar del pastel, que al paso que iba, me iba a quedar sin guinda ni lesches. Y así lo hice. Fueron los únicos instantes de la carrera, en que muscularmente empecé a notar “algo” de dolor, sin llegar a ser específico de nada, pero no importaba, el final estaba cerca. Y vino así sin duda, el momento con el que estaba soñando desde aquel 2 de Diciembre, en que decidí empezar a preparar algo así.

      El último tercio de la carrera, fué sin duda, el más bonito: el del sueño de llegar, a quien iba a coger de la mano primero, el beso de película a Elena, todo hacia que los ojos se rayasen, visualizando el precioso momento, y en realidad fue lo que alimentó, mis últimos metros. Y llegaron, haciendo cada vez más larga la zancada los últimos momentos. Enfilé la “finisher line” y a su entrada estaban esperando: volví la cara para hacerle un guiño, y verme a su vez en el enorme panel de pantallas que había detrás. Esos apenas 100 metros, daba sentido a cada minuto perdido con ellos, ponían fin a muchas cosas, pero no quería que acabase…  Era una sensación muy bonita, muy plena, la de haber hecho más que un triatlón de distancia Ironman, iba muchos más allá que todo aquello: mirando sus caras, estaba consiguiendo rellenar los huecos vacíos que tanto entreno les había dejado….

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     Lloré, lloré desconsoladamente, abrazando a mis tres hijos, y luego en solitario en una escalera para que no me vieran. Pero me vieron, claro y no entendían nada. Los mayores, quizás algo más si… Pero el pequeño, Pablín, no hacia nada más que preguntar, pero…  ¿a que es de risa papa? ¿a que lloras de alegría?

Pero lloré aún más cuando la ví a ella, detrás de aquella valla, gracias a ella había sido todo posible…  como casi todo lo que he conseguido en esta vida…

Quizás ahora entendiendo lo que previamente me habían explicado en aquel precioso mail,  que recibí antes de marcharme de alguien muy especial, y  me adelantaba en primicia, la razón por la que se llora tanto en un deporte como este cuando se cruza bajo el arco.

          Recogíamos todos los bártulos, dejábamos aquel lago, el  bullicio de esa maravillosa fiesta que monta la marca Ironman, empezaba a anochecer en Klagenfurt, y metiéndonos en la Voyager, seguíamos, escuchando resonar esa maravillosa frase, que el speaker no cesaba de nombrar, y se habría de repetir hasta la medianoche en que entraría el último de los participantes, y que sonaba a música celestial: You´re an Ironman, You´re and Ironman… You are…

Epílogo

Recomendamos a nuestros queridos lectores, y seguidores,
NO PASAR DE AQUI.
SALVO MORBOSOS, FANATICOS DE RAFUKY.COM, FAMILIARES, LOS AMANTES DE LAS SENSACIONES Y MANIATICOS EN GENERAL,
QUE TENGAN TIEMPO SOBRADO PARA ELLO.

      Tenia unas ganas locas de terminar un Ironman. Que os voy a contar, si todos lo sabéis. Desde el principio. Pero la satisfacción era a partes iguales, por mi familia, por lo que disfrutaron, y por los excelentes días que hemos pasado allí. Por primera vez, y los he llevado a muchos, creo que han sido sabedores, y sobre todo partícipes a partes iguales del esfuerzo que realiza su padre. El mayor, Marcos, quizás sorprendido, por haber descubierto tanto mensaje y tanto piropo y alabanza, de repente ha pasado de pensar que su padre era un paquete, un pirado q a la vejez le había dado por hacer el jilipuertas con una bici, a pensar que tiene a Eneko Llanos metido en casa, hasta tal punto, que no paran de presumir, ante otros niños y mayores de la comunidad, de las hazañas de su padre… cuando antes nunca lo habían hecho, como si les diera vergüenza decir, que su padre aún con esta edad sigue montando en Bicicleta, y poniéndose una malla de bailarina para salir a correr por las noches, cuando ellos, y cualquier mortal a esa hora, enfilaban la cama para dormir.

Y en verdad creerme que no es falsa vanidad, si os digo que ambas cosas me alimentaron a partes iguales, sin saber cual exactamente con cual quedarme: Es muy bonito, ver en unos hijos reflejada la satisfacción por el IM de su padre, por el esfuerzo denuado, que no solo estaba realizando ahí… lo que habia costado llegar a hacerlo. Eran muchas las ganas, pero recibir ese premio, no lo esperaba, y me lleno igual o más que acabar la propia carrera.

     No fué fácil, y de verdad que pensaba que iba a escribir a mi vuelta,  mejor dicho, hubiera pensado, porque jamás lo hubiera escrito, que estaba “chupao”. En realidad, todo aquello que requiere esfuerzo es muy placentero, pero no suele ser fácil. Porque tanta pasión, aqui descrita.. toda la que le pongo a las cosas pudo acabar conmigo. Los ánimos son casi siempre buenos consejeros, pero muchas veces el pensar que es lo que esperan obtener de ti las personas e intentar darles lo mejor de ti, para no defraudarles, mentira, para no defraudarte a ti mismo primero, te hace ir a veces muy al límite, quizás por encima de tus posibilidades reales incluso. Ahora pienso que quizás, aunque no lo sabremos nunca, una parada, hubiera revertido la situación. Pero no había tiempo de hacerla. Sabia que eran muchos los que estaban, al otro lado. Ayuda, claro que ayuda. Pero también es un lastre a la hora de llevar a cabo tareas de este tipo,en el que sin quererlo te vuelves competitivo. Los amigos, el club compañeros me han ayudado: mucho. Pero sino fuera por saber todo lo que esperaban de mi, todos los ánimos y comentarios que iba buscando en cada movimiento mío (buscado ojo), quizás hubiera disfrutado algo más, a costa de hacer una o dos horas más, de no llevar previsión de ritmos ni demás como por otra parte me paso siempre en los maratones donde sólo tenía que dar cuenta a Elena y poco más: lo mismo daba 4, 5 q 6 horas el mérito era acabarle

     Pero esto es también querer tirar balones fuera porque bien es cierto que según te vas metiendo te vuelves exigente contigo mismo, y al primero que quería satisfacer es a mi mismo. Me ha costado reconocerlo, Elena, pero es asi

Pero bien es cierto en honor a la verdad, que a su vez, son estos ánimos el saber que había tanta gente detrás lo que a su vez constituía un acicate para intentar terminarlo. A partes iguales, ojo, lo que se da por lo mucho que se recibe.  Creo que el próximo Ironman que prepare, no me conformaré solo con publicarlo en Facebook y Twitter, sino que me etiquetaré en FourSquare a cada paso por un punto, subiré fotos por Instagram,iré subiendo anécdotas a Pinterest, incluso crearé una red propia de Runkeeper para seguir on line la carrera… jajajaja. En suma: que me encanta recibir vuestros ánimos, por mucha presión y responsabilidad que suponga. Por cierto que será Lanzarote, que antes de ayer dejaba hecha su inscripción para 2.014, que no conviene dejar sin contenido, las cosas prometidas.

De no haber existido, “presión mediática” (que transcendental me pongo, me parezco a Mourinho), si de haber parado, tranquilizado ánimos, relajado nervios, hubiera acabado en 13 horas pero con mejores sensaciones en esos fatídicos kilometros que describía anteriormente…. Seguramente que si, pero claro, en contrapartida, ahora aunque no lo dijera en público me estaría quejando, de que pude haberlo hecho en menos tiempo, sino me hubiera relajado tanto, en suma, ahora no podría estar diciendo que cumplí el sueño de realizar un Ironman, y que logré hacerlo en las 11 horas. Eso es así.

Como decía al principio del capítulo es con todo esto, con lo que me quedo, y por eso lo escribo tan extenso, porque al final, el dia que muramos, lo único que nos quedará serán estos recuerdos en forma de emociones que aquí he descrito.  y estás, estas no se compran ni con todo el oro del mundo. Que de estar arrastrado por el asfalto de Robledo de Chavela, con un ojo a la virulé, la clavícula maltrecha y quemaduras por todo el cuerpo, en mi accidente del Astromad, me estaba viendo, justo un año despues,  entrando por debajo del arco de un Ironman, con la compañia y admiración de las personas que mas quiero de este mundo, es una de esas sensaciones, es uno de esos recuerdos, que perdurarán en mi por mucho tiempo que quiera pasar.

       Y ya para ir terminando, no debería buscar explicación a lo inexplicable, buscar raciocinio a lo que no lo tiene, porque probablemente, no sea ni razonable, realizar la prueba en si. Pero sino lo reflejo no me quedo agusto. Por explicarlo mal y rápido el ácido láctico, se genera en pulsaciones altas, y son los que hacen agotar las reservas de glucógeno con mas facilidad que a su vez son las que te permiten seguir corriendo mas tiempo). En el estudio de lactato que me había realizado un mes antes, me venia determinado un presumible ritmo objetivo de 5:30 incluso, 5:20 sin apenas generación del tan temido líquido-elemento (los famosos 4 minimoles), en concordancia, con lo que estaba siendo una constante en los entrenos, en que me llegué a sorprender del poco gasto cardíaco que me suponían transiciones de cuatro horas de bici y luego una de carrera en entrenos, y que me permitiera ir a 5:00 min/km, sin rebasar apenas las 140 ppm. Todo ello, correspondia totalmente con lo practicado así en entrenos, que me hizo coger una seguridad increíble, en que podría realizar el Ironman sin problemas, sin sufrimiento; pero en carrera, todo se dio la vuelta, y desde el minuto 1, todos los números se volatilizaron nada más ponerme a correr. Y empecé a temer seriamente si iba a poder terminarlo. Creo que fue lo que me agobió, y me hizo meterme más nervios aún en el estomago para terminar de montar el cocktail. Pero hemos aprendido, y en situaciones de competición no se puede llevar todo tan reglado, y hay que dejar de actuar al azar, al hecho de tener un mal día, o simplemente a que el cuerpo no estaba ese día. Otro día, seguro que lo que me cuesta es subir las pulsaciones, el Ironman es así. Ya está. No hay que darle más vueltas, que mira que me gusta. No hay lugar para la queja, ni para más explicación, o que te creías salao, que te ibas a ir de aquí sin un mísero dolor de estomago? ¡Anda ya! Si fuera así, lo haría todo el mundo.  Porque puestos a realizar balance, arroja un resultado que de 680 min esfuerzo, son apenas un 10% de los “no disfrutados”, del “rato malo”: No puedo decir que disfrute toda la Maratón (en realidad entera, ni saliendo de nuevas se disfruta ninguna), pero SI que la corrí entera, SI que tuve ritmo en toda la misma; SI que me sentí corredor en toda ella. Que porque unos pocos nervios, en un debut, atenazaran ese propenso estómago mio, creo que fué el mejor de los males: ni una sola molestia a nivel muscular, ni un solo amago siquiera de calambre… Creo, sinceramente, que no me pudo ir mejor la cosa.

No es que  pretendía hacer un Ironman sin dolor, o quizás si lo pretendía,  y a lo mejor, incluso, le perdí el respeto al IM y eso no se puede hacer nunca, porque éste te termina poniendo en su sitio.

     Sensaciones dispares pues, analizando objetivos, ya que  jamás pensaba hacer un Ironman por debajo de las 12 (el plazo es de 17 horas) pero hubiera cambiado una hora más de tiempo, por algo más disfrute en carrera, en esos interminables 7-8 kms, llevar esa eterna sonrisa que me ha acompañado hasta la fecha en todas y cada una de las pruebas que he realizado. Con Álvaro, mi hijo, la apuesta era hacer 12:40. Pero tendré tiempo, para revertir esta situación, y lograr hacer Ironman´s en 12 ó 13 horas, agobiarme porque en vez de altas, las pulsaciones sean bajas y poder disfrutar cada uno de los kilómetros que los componen. El caso será seguir disfrutándolos siempre. Será la siguiente asignatura pendiente, poder regresar a un Ironman, quitarme la espina de ese dolor de estómago, para poder sentir, dolor muscular, Seguro que sí … o no! veremos a ver…lo que es bien seguro es que será, como cada vida, uno totalmente distinto, en el que tendré otra queja distinta, y en el sobre todo me daré muchísima pena, porque aún sigo estudiando donde tendré que acudir para bajar el tiempo de 11:20 en mi próximo Ironman… ¿alguno en cuesta abajo?

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